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Opinión: Nayib: “El cambio vendrá de cada uno de nosotros”

En el corazón de la capital de nuestra nación y bajo la expectativa de miles de ciudadanos, este 1 de junio el Presidente más joven de la historia de la República de El Salvador, Nayib Bukele, tomó posesión de su cargo para dirigir los destinos del país.

Los resultados del escrutinio final de las pasadas elecciones presidenciales de 2019, consolidaron la victoria del ahora presidente Nayib Bukele, con más de 1,4 millones de votos de salvadoreños que salieron a dar su respaldo al nuevo gobernante cuando este era candidato.

Ahora como jefe de Estado entre sus atribuciones están las de procurar la armonía social y conservar la paz y tranquilidad, celebrar tratados y convenios internacionales, además de sancionar, promulgar, publicar leyes y hacerlas ejecutar. La duración del cargo presidencial es de cinco años y estará acompañado en su desempeño por un Vicepresidente y un Gabinete de Gobierno encargados de la conducción y manejo de las políticas del país.

Mucho tiempo ha pasado ya de los 20 años en que Alianza Republicana Nacionalista (ARENA) gobernó este país, y ya han finalizado 10 años en que el Frente Farabundo Martí (FMLN) también ocupó el ejecutivo, por lo cual es natural que la población salvadoreña se sienta expectante sobre el nuevo giro de timón que se espera venga de las manos del nuevo mandatario y sus funcionarios.

Sin duda la corrupción, la pobreza, la violencia y el odio se han extendido como un feroz cáncer que corre galopante por las venas de nuestra nación, los retos son grandes para la nueva administración. Pero el Presidente ha sido claro en su discurso: “Esta vez el cambio no vendrá de un Presidente, no vendrá de un político, el cambio vendrá de cada uno de nosotros”.

El cambio que esperamos no es solo responsabilidad del Presidente electo, desde ahí se emanan las políticas públicas; pero construir la armonía social también viene como fruto de un cambio donde el individuo es el protagonista de su propia vida, responsable del futuro de su familia y constructor de su entorno.

El progreso de un país depende tanto de sus gobernantes como de sus ciudadanos, porque una sociedad integrada por personas que practican buenos valores formarán los pilares de una ciudadanía sana y exitosa.  En el alma del salvadoreño se  conjuga magistralmente la esencia del soñar y  luchador que se levanta una y otra vez ante cada adversidad, debemos de usar ese don para ahora más que nunca ser artesanos de los destinos de nuestro propio país.

 

Por: Alejo Carbajal

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